Capilla del Monte 2010

Viaje Integrativo Vivencial

(Entrevista realizada por Yanny Seprend a Juan Acevedo Peinado)

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Hay mil cosas por preguntar, pero lo que se me ocurre primero es, ¿por qué elegiste Capilla del Monte, para este viaje?
Por varios motivos, entre ellos, porque se trata de un lugar que conozco muy bien; lo recorrí durante casi diez años de mi vida, cuando Capilla no era lo que es actualmente, la meca de los OVNIs, o un lugar espiritual.
En el 1985 cuando llegué, era solamente una comunidad serrana del Valle de Punilla, pero justo en ese año ocurrió lo de Cerro El Pajarillo. Fue muy interesante todo lo que ocurrió después.

Tengo entendido que tu permanencia en el lugar tenía varios por qué, ¿cuáles eran? Y a propósito, ¿cómo fue aquello de la cátedra de Epistemología?
Me hiciste acordar. Bueno… eran varias cosas al mismo tiempo. Por un lado estaba el tema de mi padre que expresamente me envió a este lugar a continuar con parte de mi enseñanza; allí me encontré con un grupo de personas increíble, con el que trabaje y del que aprendí durante los 10 años que permanecí allí. Esas personas estaban instaladas desde hacía mucho tiempo, digamos que era un lugar que no estaba abierto al público. Tardé casi tres años en entrar. Por otro lado estaba el tema de los supuestos OVNIs, que dicho sea de paso, era una tarea que tenía asignada: especializarme en algo y llegar lo más lejos posible en ello. Elegí la temática OVNI, porque realmente me interesaba, aunque desde un lugar diferente al que muchos se imaginan. Por otro estaba lo refente a la Cátedra de Epistemología. Ese si era un tema… Tenía una profesora maravillosa, que le interesaban estas cosas, y me pareció que como se iban dando los acontecimientos, el lugar pintaba para mucho, entonces se me ocurrió plantear la idea de trabajar sobre la posible Génesis de un Mito Moderno. ¡Tenía todos los ingredientes…! Y realmente fue así. A veces viajaba con estudiantes que me ayudaban en el trabajo de campo, haciendo observación participativa y registrando todo lo que se podía; era muy entretenido.

¿Quien era Juanchila?
Juanchila era un cordobés de poncho y muy desalineado, que llevaba gente de aquí para allá, sobre todo, para subir de noche el Cerro en la época en que no existían los guías turísticos del lugar, como hoy día. Vivía en el monte, en una carpa, y trabajaba en la posta de subida al Cerro Uritorko; desde luego tenía acento cordobés. Era un papel hermoso, lo recuerdo con mucho cariño. Allí, en la base del Cerro se cocían todas las cosas; los que venían a hacer contacto con los extraterrestres; los que se encontraban con los espíritus de los habitantes ancestrales del lugar; los que buscaban las ciudades intraterrenas; todo. Era increíble, se vivía una atmósfera muy irreal, todos los días era algo nuevo, y tuve la suerte de estar en primera fila.

¿Me estás confesando que vos eras Juanchila?
¡Sí! Era una especie de role playing, que jugaba hasta las últimas consecuencias; cómo sería, que gente que me conocía, estando al lado mío, ¡no me reconocía…! Más aún, había muchos investigadores que pululaban en aquella época, los atendía, les daba indicaciones, y lo mas graciosos era que después me los encontraba en los congresos del tema OVNI, vestido de traje y corbata y jamás me relacionaron con ese personaje. Había uno, un tal Suárez, que estaba muy enojado con Juan Acevedo, pero a Juanchila lo saludaba a diario y hablaba con el sin ningún problema; ¡incluso hablaba sobre mí! Suarez tenía la concesión de la toma durante ese tiempo. Realmente era muy risueña esta cuestión.

¿Pero estabas disfrazado?
No más de lo que suelo andar en circunstancias parecidas. No te imaginas lo que hace un poco de mugre. La gente mira por arriba, no presta atención. Cuando me ponía el traje, era otra cosa.

Pero… ¿Hay OVNIs, o no?
¡Hay! Aunque para mi no son lo que se supone que son.

Estuviste muy metido en el tema, hasta sacaste un libro…
Sí. Pasaban cosas en todos estos lugares. Para esa época estaba muy compenetrado con las energías de la Pacha y cómo se manifestaban, una de esas formas algunos las llamamos, las Luces de la Tierra.
Participé de un grupo en Rosario, donde trabajamos muchas ideas que llevaba, que no eran muy ortodoxas, de acuerdo a la hipótesis extraterrestre en cuanto al origen de los OVNIs y a otros fenómenos. Así recorrí autores como Terence Mackennna o Paul Devereux. Junto a ellos -CIFO era nombre del grupo- me di el lujo de explorar muchas cuestiones, como recorrer el país, investigar, hacer trabajo de campo y hasta escribir un libro, que salió por editorial EMECÉ en el 2000, marcando mi despedida del tema, con broche de oro.

Pero en el fondo… ¿De que se trataba?
De estar en contacto con la Pacha y aprender todo lo que se pudiese. No te imaginas todo lo que aprendes en esos lugares, caminando jornadas enteras, de noche y de día, hablando con la gente de la sierra. Atrás de los OVNIs había un mundo que a nadie le importaba mucho descubrir; entre ellos un curandero que por aquellos días fue muy reconocido, Ricardo Gil Lecha. Pero había varios curanderos famosos que iban al lugar. Me acuerdo de otro, el brasileño Garrincha. En apariencia todos pertenecían a un grupo que se llamaba La Piedra. Mucha gente se daba cita en este lugar; ¡hasta Leo Dan!, el otrora cantante famoso de los 60, concurría pues en ese momento trabajaba con una curandera mexicana, Doña Pachita… Numerosos eran los que aportaron para que se transformase en lo que se transformó. Numerosas personas completamente anónimas. Este lugar tenía que despertar, era uno de los primeros, si bien desde hacia bastante se lo apreciaba por su beneficio en la salud, desde los años treinta; antes de que explotara ya había mucho movimiento de personas.

¿Vos fuiste una de ellas?
Supongo que entre tantos otros. Pusimos nuestro granito de arena.

Es un lugar con una energía muy especial, eso lo siente cualquiera que lo visita, ¿vos lo elegís por eso?
Lo elijo porque me siento muy conectado, es como mi casa, despierta en mi muchos sentimientos y emociones; lo cierto que no era la primera vez que iba a este lugar a trabajar, lo hice durante mucho tiempo, además lo hice en otros, como por ejemplo, Victoria, Entre Ríos.

¿Es otro lugar especial?
Efectivamente.

¿Por qué la Gran Rueda Medicinal?
La Gran Rueda Medicinal es algo que conocía hacía mucho, y de hecho desde el mismo momento que empecé a transitarla, aprendí muchas cosas.
La rueda no estaba permitida para trabajar con otros, era algo personal, que cada uno de los que aprendimos de ella debía experimentar. Si bien lo compartí con algunos conocidos y allegados, nunca hasta este momento lo realicé como trabajo con gente desconocida. Se me permitió trabajar con las Plantas Maestras, y fue bastante durante muchos años. De igual manera con la Cabaña de Sudar. Pero la Rueda tuvo que esperar su momento. Y ese momento fue el 2009.
Maravillosamente podés ver que hay otras personas, algunas de ellas bastante reconocidas en el tema del Chamanismo, que también arrancaron para la misma época, porque ahora esta permitido, porque es el tiempo correcto. Para mi, mucho de todo esto se trata de paciencia, de saber esperar; antes eran solo esbozos, que no llegaban muy lejos, hoy creo que la cosa es diferente.

¿Y de que se trata?
De recorrer los cuatro rincones de nuestro ser más íntimo. Esos rincones tienen que ver con las cuatro direcciones, Sur, Oeste, Norte y Este
En el Sur trabajamos nuestro pasado hasta hace unos minutos atrás. Lleva muchos años recorrer nuestro tránsito por la vida, agradeciendo y reconociendo a aquellos que participaron en transformarnos en lo que somos; y de trabajar los dolores y las angustias que otros nos causaron. Se relaciona con la serpiente, porque es un ser que puede mudar de PIEL. La enseñanza del Sur y de sus vientos, es esa: que podemos cambiar nuestra vieja piel y transformarnos en algo novedoso, en nosotros mismos.
El Oeste para mi tuvo mucho que ver con mi Madrina La Ayahuaska. Trabajar la noche, y con ella, la muerte; trabajar aquello que cada tanto debe morir para dar lugar a lo nuevo, para abonar lo nuevo. Una vez un anciano me dijo que yo andaba muy preocupado por saber como era la manera correcta de vivir, y agregó, que si encontraba mi manera correcta de morir, todo lo demás se arreglaría. Muchas cosas mueren con nosotros todos los días y también muchas cosas nacen. En el Oeste también aprendemos a RENACER. El Oeste nos enseña que la Muerte con mayúsculas es una gran Maestra; en la obra de Carlos Castaneda esta muy bien trabajado este asunto, de hecho está trabajada la rueda, aunque no la mencione; sucede que se trata de un conocimiento completamente Americano, desde Alaska a Tierra del Fuego. Trabajamos también la muerte de otros, sobre todo la de los ancestros, y si aprendemos, podemos aprender a trascenderla.
En el Norte nos reconciliamos con nuestros linajes, con nuestra historia en el mundo y sobre todo, con lo aprendido en ese viaje; nos reconciliamos con el CONOCIMIENTO; nos acercamos a los Ancestros, a los Antiguos y a sus enseñanzas; nos acercamos a las costumbres y a la cosmovisión de los pueblos originarios; pero también con lo aprehendido de nuestros padres, de nuestros abuelos, que son nuestros ancestros más cercanos y, a ver cuales son las marcas y contratos que dejaron en nosotros. También dejamos que los vientos del norte nos hablen del resto de las criaturas, las vivientes y las no vivientes, y además abrimos la ventana para asistir a otros mundos, dentro y fuera de nosotros mismos. El Norte es para nosotros el mismo Otorongo, que esta siempre cambiando de forma para ser siempre el mismo pero mejor. Parece un trabalenguas, pero tiene su sentido, resume las otras dos direcciones anteriores, el cambiar de piel y el dejarla morir nuevamente cuando es necesario.
En el Este nos debemos hacer cargo de todo lo aprendido y llevarlo a cabo, dar cuenta del recorrido, transformarlo en acción, ver desde arriba, ver con más perspectiva, no en chiquitito, como estamos acostumbrados a ver la mayoría de las cosas; POR ESO SE REALCIONA CON EL Kúntur, el Cóndor, que vuela bien alto y desde allí nos da sus enseñanzas. En el Este aprendemos muchos de los misterios del tiempo y cómo podemos aplicarlos a nuestra vida cotidiana. El tiempo y el espacio tienen mucho de parecido aunque a primera vista parezcan cosas diferentes. Y así con todo ese aprendizaje, sencillamente volvemos a empezar, como el ciclo de las estaciones, como los grandes ciclos, mejorando en cada uno o al menos tratando de hacerlo; por eso no hay valoración de muchas cosas como buenas o malas, sino del potencial que encierran para transformarnos en alguien más auténtico. En un ser con un poco más de brillo y más cercano a su gemelo.

¿Como fue el viaje a Capilla Del Monte con todo este marco de cosas?
¡Un descubrimiento absoluto…!!! Primero, porque desde hace un tiempo estábamos con algunos de los miembros originales de Otorongo Wasi con ganas de realizar un viaje para trabajar, una idea que teníamos desde hacía mucho; y por otro, porque implicaba un desafío, poner a prueba una posición novedosa, que si bien la venía trabajando desde hacía un tiempo no sabía si podía dar verdaderamente resultado: trabajar con la energía de las Plantas Maestras, sin que estén presentes.
Por eso se trataba de una trabajo, Con la Voz de las Plantas Maestras, pero sin tener que ingerirlas. Las Mamaicunas te dejan mucho aprendizaje, uno de ellos es manejar esa energía que ellas movilizan, estar en esa energía y desde allí trabajar. Los lugares donde la Pacha es más sensible, donde su energía está más disponible, actúan como resonadores y amplificadores de esa energía, logrando un resultado único, una experiencia semejante a la de las plantas, pero sin ellas físicamente; estos lugares son llamados Lugares de poder, de acuerdo a la literatura de Castaneda, particularmente los conozco como Lugares Sagrados. Son lugares donde la realidad es mas tenue, es más fácil dar con recovecos maravillosos, y conozco varios de esos recovecos en esa zona. Aprendí mucho de esos lugares y continúo haciéndolo.
El desafío era transportar a otros, a todo un grupo a esas posiciones.

¿Lo conseguiste?
Lo conseguimos entre todos los que trabajamos, incluyendo a los que viajaron; un grupo maravilloso; gente verdaderamente hermosa; muy predispuesta. Sergio, Amanda, Juan Carlos, Silvia, Verónica, Valeria, Daniel, Rita, Sandra y los choferes que también se sumaron a la aventura, Francisco y Wally que son hermanos. Fueron cuatro días de mucho e intenso trabajo; caminatas de día y de noche; ejercicios por la mañana; más caminatas; trabajo con los cantos sagrados, los Ikaros, con música evocativa; hasta nos metimos a la pileta y todo; y el temazcal para el final. Cada uno de los que trabajamos funcionó a la perfección, para mi gusto, estuvo muy ajustado, por ser la primera vez que lo hacíamos de esa manera, buscando lugares y servicios, que no era nuestra costumbre. Es decir, no con el formato turístico, por llamarlo de alguna manera. Antes lo hacíamos en carpas, esta vez estuvimos en el Campo El Chamán; un lugar que tiene todas las comodidades para este tipo de trabajo. Muchos lo contratan; Claudio María Domínguez, por mencionar alguno, concurrió después de nosotros. Obviamente que también hubo errores. Por ejemplo: habíamos planificado semejante cantidad de trabajos, que muchos quedaron sin poder realizarse, por falta de tiempo; mira como será que con todo esto estamos armando un Workshop para el mes de noviembre en Capital Federal.
Personalmente aprendí mucho de mí, de mis compañeros de viaje y de trabajo, aunque lo más importante es que ahora que esta permitido, pude dar a luz algo que para mi al menos es nuevo: conjugar el trabajo de la Rueda con el de las Mamaicunas, y principalmente entender que era el momento correcto para hacerlo.

¿Cuál fue la reacción de las personas que viajaron con ustedes?
Tendrían que decírtelo ellos mismos. A mi se me olvida pedirle a la gente que escriba algo para la página, pero estamos trabajando en eso. Recuerdo una tarde fresca, que entre paréntesis, nos dimos el lujo de comernos una picada bien cordobesa, cosa bastante común en muchos de nuestros trabajos, en la cabaña de Amanda, cuando ella dijo algo así como… que sus expectativas estaban cumplidas con el viaje, porque lo que allí estaba ocuriendo era sencillamente verdad. Fue un regalo hermoso, ya que era exactamente eso, sin vueltas, una experiencia directa.

 

 

 

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