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Corpachada, Agosto 2005
El mes de Agosto nos tuvo bastante ocupados, ya que antes de que diera fin tuvimos la maravillosa labor de llevar adelante una Corpachada, un darle de comer a la Pachamama, un momento de regocijo y de compromiso para todos los que nos dimos cita esa tarde en el campito de Cruz del Sur.
El sábado por la noche asistimos a una ceremonia privada realizada por nuestro querido amigo Víctor Nieto.
En esta oportunidad la "madrina" nos junto en medio del bosque Peralta Ramos, en casa de un amigo común, que a trabajado participando de talleres con nosotros y con Víctor en varias oportunidades.
Nos encontramos con Victorico luego de largo tiempo, en Bs. As, un encuentro afectuoso y plagado de anécdotas de amigos que hace tiempo no se ven, allí, en casa de nuestro amigo mutuo Jerónimo Tejedor, quien ayuda a Víctor desde hace ya varios años en las ceremonias, fui gentilmente invitado para participar de ese encuentro que se daba "mágicamente" casi a la vuelta de la esquina, a solo unos pocos kilómetros de donde nos encontrábamos todos los Otorongos, y justo en vísperas de la otra ceremonia que teníamos pensado realizar.
Así que velamos la noche y tempranito nos encaminamos a Cruz del Sur , achicando tiempo y distancia gracias a unos amigos con quienes compartimos la noche y con gran corazón se apartaron de su camino para llevarme prácticamente hasta la entrada.
Atrás dejamos a Juan y Adrián, hermanos que prometieron asistir a la Corpachada de la tarde.
Levantado el malón, se empezaron los trabajos, realizar el hoyo en la Pacha previo selección del lugar indicado, adornarlo y taparlo par que nadie lo viese ni pasase por delante de él, ya que se considera de muy mala suerte y mal presagio.
Para Cruz del Sur era un momento especial que antecedía a la siembra de la huerta comunitaria, que Marcelo con su trabajo y sudor le va dando forma con el paso de los días y la llegada de esta próxima primavera.
Se plantaron las banderas, la wipala, la de la Paz y la de los Otorongos, que flamearon hermosas con un viento del Oeste.
Se preparo el lugar para la fiesta, se corto leña para el fogón, en fin todas esas cositas que son tan lindas pero que llevan su tiempo y sacrificio.
Ya pasado el mediodía empezó a caer la gente, de a poquito, pero sin pausa, así iban llegando las diferentes ofrendas, una para destacar la de los hijos de Walter, un vecino y amigazo, con un arreglo de flores y comiditas varias realizado con muchísimo Amor y Paciencia.

Cuando hubieron llegado toditos, y llegaron justito los últimos a último momento, se arranco con los pedidos, ya se nos había ocurrido que sería algo sencillo, sin tanto parlamento, sobre todo porque en la Corpachada no hay un "oficiante", de haberlo somos todos los presentes, solo hay un guía, alguien que va llevando los pasos.
Y de entrada fue muy emocionante, con el solo nombrarnos y nombrar a nuestros antepasados, que es como nos presentamos siempre a la Pacha y al universo todo, empezaron las primera lágrimas. Es que los que nos dimos cita allí esa tarde estábamos muy compenetrados con lo que estábamos haciendo.
Luego se llenaron los pucos y la tinaja amorosamente preparadas por nuestras alfareras, la Ardilla y su madre, un regalo a la altura de los acontecimientos... un lujo!.
La tinaja paso de mano en mano recogiendo los pedidos de cada uno y una vez sahumados los presentes y el hoyo, ombligo de la mama, se procedió a darle su merecido regalito, no sin antes recordar porque hacemos lo que hacemos, por qué y para qué "recordamos", por qué creemos que estas prácticas son importantes. Grandes y chicos comprendieron el mensaje, y muestra de ello fueron las hermosas lágrimas en una treintena de pares de ojos!.
Y un Tata INTI que nos regalo sus rayos después de un par de días nublado, creo que más no se podía pedir!.
Para finalizar, todos en una gran ronda y tomados de la mano pedimos como siempre, Pachamama, Cusiya! Cusiya! Cusiya!.
Una parte muy emotiva de la ceremonia fue algo que sale así como salen las cosas lindas y del alma, darle vida a los recuerdos, con sonrisas y con chistes le dimos la bienvenida oficial a Gracielita, nuestra ayudante y anfitriona, sus hijos Marcelo y Daniela nos mostraron el camino.
A ellos GRACIAS!, por mostrarnos más que nadie como es la manera vieja, como la palabra se hace carne cuando las convicciones se llevan en el corazón y no tanto en la cabeza.
Y se vino la fiesta!, una larga mesa plagada de delicias traídas por todos los presentes fue un regalo para el ojo y el estómago, las papas a la wancaína de Milagros fueron sin duda la estrella gastronómica de la tarde.
Bebidas y mates se dieron cita en derredor del fogón, donde enseguida los músicos dieron rienda suelta a las tonadas, sobre todo un musiquero jovencito que nos dejo con las bocas abiertas de lo bonito que cantaba y tocaba la guitarra.
Ya caída la oración, salimos a recorrer las casas de nuestros vecinos, de cada uno de los que nos a dado una mano durante los últimos años, para realizar una sahumada de limpia y bendición de los hogares, la cuál fue hermosamente recibida, y así terminamos, ya de noche y entre el barrial de la Pacha, satisfechos y muertos de cansancio.
Descansamos un rato a la luz del fuego antes de partir nuevamente a nuestros trabajos habituales, y la vieja parecía no querer dejarnos salir y nos jugó sus últimos chistes dejándonos empantanados a la salida de Cruz del Sur.
Nos despedimos entre besos y abrazos, como siempre, algunos a descansar a su casa y otros a tratar descansar en el ómnibus.
La capital nos recibió con una copiosa lluvia, último regalo de una limpia profunda donde cada pareja de los Otorongos deja su huellita en el camino embarrado por una Pachamama que necesita cada vez más de aquellos que intentamos recordar, para hacerle saber que estamos allí, que no la olvidamos, que la tenemos presente en nuestro corazón a cada paso, en cada momento de nuestras vidas.
Juan Acevedo Peinado
Agosto del 2005
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