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	<title>Comunitario Otorongo Wasi &#187; wachuma</title>
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	<description>Recuperación en acto de la sacralidad de pueblos originarios</description>
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		<title>Plantas Maestras, la mirada interior</title>
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		<pubDate>Sat, 01 Nov 2014 03:40:43 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Juan Acevedo Peinado]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Notas varias]]></category>
		<category><![CDATA[Mamaicunas]]></category>
		<category><![CDATA[plantas maestras]]></category>
		<category><![CDATA[wachuma]]></category>

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		<description><![CDATA[Reflexión acerca de cómo un Psicólogo clínico se adentró en el océano interior como «Psiconauta» a través de un camino de conocimiento relacionado con las denominadas «Plantas Maestras» Un poco de historia Increíblemente nadie parecía estar al tanto de tales temas en el ámbito académico.El universo de las denominadas «Plantas Maestras» era para mi algo [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<h3 class="subtitulo_ros">Reflexión acerca de cómo un Psicólogo clínico se adentró en el océano interior como «Psiconauta» a través de un camino de conocimiento relacionado con las denominadas «Plantas Maestras»</h3>
<h2>Un poco de historia</h2>
<p><img class="alignright" src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_01.jpg" alt="" width="250" height="345" border="1" hspace="5" />Increíblemente nadie parecía estar al tanto de tales temas en el ámbito académico.El universo de las denominadas «Plantas Maestras» era para mi algo ciertamente lejano, si bien el tema siempre me había fascinado, ya en los años de estudiante los denominados por aquellos días Estados Alterados de Conciencia planteaban inquietud y desafíos futuros.</p>
<p>Sin embargo mi desarrollo como psicólogo siempre estuvo inspirado, si así puede decirse, por la fascinación que me producía lo extraño, ajeno y por momentos increíble que parecía ese mundo que se abría ante mí, los profundos contenidos del psiquismo y el espíritu humano.</p>
<p>Es cierto que desde mi juventud me atrajeron temas fronterizos, como los Ovnis (con los cuales vería más adelante cuan relacionados estaban con estos temas) o los misterios de las antiguas civilizaciones, especialmente las Americanas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<div style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_02.jpg" alt="Juan Acevedo junto a Stan Groff en su visita a Bs. As. de 1995" width="300" height="207" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">Juan Acevedo junto a Stan Groff en su visita a Bs. As. de 1995</p></div>
<p>De alguna manera habitaba en mí un cierto espíritu «renacentista», no concebía la idea de que la psicología por si misma pudiese darme las respuestas que estaba buscando y mucho menos las que buscaban las personas que se acercaron a mí desde aquellos días al presente.<br />
El mundo de la ciencia era encantadoramente confortable, y en el solía refugiarme de una cantidad de temas que desde mi niñez merodeaban cerca de mi, todo en su lugar, acomodado, placientemente apacible, confiable, pero fueron los desarrollos de la física quántica y la holografía las que devinieron en una verdadera vorágine de ideas novedosas.Por aquellos días el denominado «Paradigma emergente de la ciencia» nos tenía ciertamente ocupados, a mi y a un increíble grupo de personas rosarinas, profesionales en diferentes áreas del conocimiento.</p>
<p>Fue una época en la que cientos de ideas tomaron forma, y muchas de las cuales aún continuo trabajando.</p>
<p>Por esos días nos visitaba uno de los padres de la denominada «Psicología Transpersonal» el Dr. Stan Groff, a quien tuve la oportunidad de conocer y platicar con él sobre ciertos aspectos de sus ideas, y comentarle alguna de las mías, las cuales le parecieron ciertamente interesantes, fue un encuentro revelador.</p>
<p>La asociación Transpersonal había tenido por aquel tiempo un encuentro en Manaus, Brasil, donde el tema central había sido «las tecnologías arcaicas del éxtasis» y uno de los temas centrales habían sido las Plantas Maestras.</p>
<h2><span class="subtitulo_ros">El «momento oportuno»</span></h2>
<p>A diferencia de otros exploradores de la conciencia que he conocido mi experiencia fue un tanto diferente, nunca tuve que salir del país para encontrarme con estos misterios, no tuve que viajar a ignotas selvas ni hacer malabares para conocer a los avezados vegetalistas conocedores de misterios milenarios.</p>
<p>Reza cierta frase que «cuando el discípulo está preparado, el maestro entra en escena…», y así fue como sucedió con las Plantas Maestras, sencillamente llegaron hasta mi.</p>
<p>Fue una extraña mezcla de intuiciones y dejarme llevar por una convicción o fuerza interior que guió con gran seguridad mis pasos y manifestó una cierta cantidad de eventos que no dejé pasar de lado, algo así como estar en el momento oportuno, en el sitio correcto con las personas acertadas.</p>
<p>Es maravilloso recordar parte de aquello, ahora a más de 10 años de distancia.</p>
<p>Comenzamos con un grupo de profesionales en salud interesados en el tema, algunos de ellos todavía se encuentran trabajando en cuestiones afines, y casi sin quererlo nos encontramos dándole forma a algo, iniciando una página nueva, en la cual mucho se ha escrito desde entonces!</p>
<p>Éramos varios que sincrónicamente abrimos, al mismo tiempo y en forma relacionada, la puerta para que estos temas llegaran a gran cantidad de personas que como yo estábamos sinceramente interesados en estas búsquedas y descubrimientos.</p>
<p>Hoy siento que muchos de nosotros no nos dimos cuenta en forma consciente de la magnitud del suceso.<br />
Y esta es una parte de la historia sobre estos temas en nuestro país que la mayoría de las personas desconoce y de la cual casi nadie, que conozca o tenga conocimiento ha escrito.</p>
<div style="width: 310px" class="wp-caption alignleft"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_03.jpg" alt="El &quot;Kairos&quot; de la ola es como para los surfistas el ejemplo de &quot;momento oportuno&quot;" width="300" height="203" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">El «Kairos» de la ola es como para los surfistas el ejemplo de «momento oportuno»</p></div>
<p>Lo cierto es que empecé un camino, que de alguna forma ya era parte mía desde el momento en que nací, hoy puedo decirlo de forma abierta y humildemente sencilla, mi padre fue y es un sanador innato, con una línea matrilineal de conocimiento, originada en una etnía de la mesopotamia argentina, a la cual no quise reconocer ni en mi infancia ni en mi adolescencia.</p>
<p>El camino había empezado años antes, en mi adolescencia, pero de alguna forma no había sido consciente plenamente de ello, fue en mi juventud donde empecé a percatarme con mayor claridad, tal es así que en medio de estos aprendizajes devine en una especie de especialista sobre un lugar que guardo profundamente en mi corazón, Capilla del Monte, aunque yo hubiese estado allí con otros fines completamente diferentes a los que muchos creen que me dedique y por los cuales no pocos me conocen.</p>
<p>La vida en la sierra y el monte, con períodos variables pero continuos, que iban de un sencillo fin de semana a cuatro meses de permanencia durante casi largos 9 años, dio sus frutos.<br />
El aislamiento y la vida naturalmente franca moldearon la que sería mi forma de trabajo, la cual conservo hasta la fecha.</p>
<h2><span class="subtitulo_ros">El camino de las «Mamaicunas»</span></h2>
<div style="width: 210px" class="wp-caption alignleft"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_04.jpg" alt="Mariana I. Gonzalez en Ischigualasto" width="200" height="214" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">Mariana I. Gonzalez en Ischigualasto</p></div>
<p>En medio de semejante periplo contraje matrimonio con quien es mi compañera, una pareja, compenetrada en el día a día con el trabajo de lo que denomino como «El camino de las Mamaicunas».</p>
<p>Antes de hablar abiertamente de este camino, lo cual nunca antes he hecho, me siento en la obligación de aclarar que fui partícipe de dos tipos de conocimientos y entrenamientos, por un lado una cantidad de experiencias que fueron acumulándose con el pasar de los años, de los cuales como dije anteriormente no fui completamente consciente, y por otro lado por una férrea formación académica que devino en una profesión.</p>
<p>De una forma u otra ambas están profundamente interconectadas e interrelacionadas, solo que una pertenece a un ámbito más bien personal, y la otra a mi trabajo diario, comunitario y social.</p>
<p>Esta extraña mezcla devino en lo que suelo llamar «arte de la traducción», dado que el entrenamiento académico me ha permitido dar forma y no pocas veces sentido (traducción) a muchas situaciones que de otra forma solo hubiesen quedado en el terreno de lo mágico o lo inciertamente paranormal.</p>
<p>Hoy solo pienso en un sentido de Naturaleza ampliado, que desde la psicología, la antropología, la historia o ciertas áreas de la novedosa física de partículas o la astrofísica me permiten instaurar un cuadro por isomorfismo de algunas cuestiones.</p>
<p>De hecho mi trabajo diario esta centrado en la psicología clínica, sin que por ello la «otra mirada» quede anulada o alejada, simplemente conviven en una sutil armonía.</p>
<p>Actualmente mi interés se encuentra centrado en el área de los estados «alternativos» de conciencia, (he preferido la palabra «alternativo» o complementario, a los anteriores, «alterado», «No ordinario» o «ampliado» dado que los mismos remiten a particularidades específicas, las cuales seguramente tocaremos en otra oportunidad) y su implicancia como sistema terapéutico de trabajo.</p>
<p>Por otro lado y casi sin darme cuenta de ello me he sumado y dado forma a un área que resulta novedosa, la Etnopsicología, el estudio, investigación y recolección de formas y técnicas de trabajo psicológico de etnías y culturas, actuales y ancestrales, no basadas en la cultura occidental.</p>
<p>Conocemos áreas de trabajo reconocidas como la Etnobotánica, la Etnofarmacología o la Etnosiquiatría, pero no he visto o escuchado a otros hablar de la Etnopsicología, algo increíblemente extraño ya que las demás apuntan directamente a ella, la forma en que los pueblos ancestrales modificaron su percepción de la «realidad», modificando su conciencia mediante métodos diversos con fines precisos, muchos de ellos resultantes en nuestra actual visión de lo que denominamos como práctica terapéutica.</p>
<p>De alguna forma los psicólogos somos los descendientes directos de los denominados «Shamanes», algo a medio camino entre lo espiritual y lo corporal.</p>
<p>Trabajar con las tecnologías ancestrales de lo sagrado, así como con los modernos desarrollos de la tecnología que de una forma u otra también nos acercan a esas regiones numinosas del alma humana, es mi actual desafío.</p>
<h2><span class="subtitulo_ros">¿Qué es «El camino de las Mamaicunas»?</span></h2>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" align="right">
<tbody>
<tr>
<td class="epigrafe" align="center"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p><img class="alignright" src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_05.jpg" alt="" width="200" height="295" border="1" hspace="0" />Es ante todo un descubrimiento para mi propia persona encontrarme escribiendo sobre esto, pero a que negarlo, es con lo que me he encontrado y sería necio de mi parte negarlo.</p>
<p>Las «Plantas Sagradas o Maestras» parecen tener motivaciones propias y no pocas veces precisas.</p>
<p>Sutil, pero permanentemente, el contacto con las mismas parece dar forma a un corpus de conocimientos y prácticas orientado a restaurar la casi perdida relación con lo Sagrado que los occidentales parecemos padecer.</p>
<p>Y es este padecimiento el que no pocas veces enferma.</p>
<p>Sobre el comienzo de un nuevo milenio traen a nosotros el recuerdo de una promesa olvidada, la posibilidad de abrirnos a una alternativa de cambio, para lo cual es menester entender que los seres humanos somos más que la suma de nuestras partes. Que ya no alcanza con entendernos como un conjunto tripartito entre mente, espíritu y cuerpo, sino como algo mayor, donde cada parte re significa a la otra.</p>
<p>Parecen recordarnos que por derecho propio somos «Viajeros», capaces de adentrarnos en nuevos territorios.</p>
<p>La juventud de una forma u otra, no pocas veces equivocada, parece haberlo entendido, aunque el sentido no es claro ni mucho menos preciso y lo que podría devenir en una búsqueda sincera suele transformarse en un vacío insondable.</p>
<p>Las Mamaicunas o ñustas (así denominan a las diferentes Plantas Maestras quienes participan de este conocimiento) son herramientas, de inestimable valor, con un potencial transformador nunca antes contemplado, capaces de traer a nuestra realidad la posibilidad del cambio, de la apertura a formas diferentes de concebir nuestras vidas, de sentir nuestra participación en la creación, de proyectarnos a un futuro posible.</p>
<p>Las Mamaicunas parecen querer continuar, avanzar en el tiempo, desde nuestro remoto pasado a nuestro incierto futuro, participando de nuestra transformación, asistiéndonos en este momento de nuestra historia como especie.</p>
<p>Nos recuerdan que la conciencia es un fenómeno más complejo de lo que tan siquiera imaginamos y posiblemente extendido a otras formas de vida y reinos que nos rodean a diario.</p>
<p>Parecen darnos pautas para entender que otras realidades son posibles, quizá no fuera de nosotros, pero si dentro de nuestro ser.</p>
<div style="width: 290px" class="wp-caption alignleft"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_06.jpg" alt="Lugares &quot;arcaicos&quot; como el &quot;Valle de la Luna son sitios de gran inspiración" width="280" height="185" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">Lugares «arcaicos» como el «Valle de la Luna son sitios de gran inspiración</p></div>
<p>La palabra «psiconauta» toma entonces un valor novedoso, un explorador de las ignotas regiones de nuestro psiquismo, del profundo espacio que se despliega en nuestro interior.</p>
<p>En esos lugares arcaicos se despliegan una invaluable cantidad de sentidos y respuestas a incógnitas de nuestras vidas.</p>
<p>Símbolos que nos permiten entender muchos de nuestros padecimientos y no pocas veces las respuestas adecuadas para sanarlos.</p>
<p>De allí su imponderable valor terapéutico.</p>
<p>Trabajar con ellas implica un férreo entrenamiento, una condición tanto mental y espiritual, como así corporal.</p>
<h2 class="subtitulo_ros">Preguntas</h2>
<p>Muchos me preguntan si las Mamaicunas son para todas las personas, ante lo que me encantaría responder que si, sin embargo estaría faltando a la verdad.</p>
<p>No todos podemos enfrentarnos a estas realidades sin consecuencias.</p>
<p>Ellas suelen marcar un antes y un después en la vida de algunas personas, sobre todo aquellas que están profundamente compenetradas en atravesar la experiencia.</p>
<p>Aún así hay quienes no están psicológica o clínicamente aptos para estas empresas.</p>
<p>Suelo compararlo con un ejemplo, aunque me encantaría escalar el Everest, difícilmente estoy en condiciones de hacerlo, so pena de que mi propia vida se vaya en ello.</p>
<p>También suelen preguntarme si se trata de un camino espiritual, si dijese que sí la respuesta sería engañosa, es en realidad un camino de «ACCIÓN», para el cual debemos estar preparados, son herramientas, compañeras inestimables, pero es a nosotros a quienes nos corresponde la tarea de transformarnos.</p>
<p>Prefiero pensar que es un camino de conocimiento, y ante ello deviene la posibilidad de transformación, dependiendo de lo que cada uno hagamos con ese conocimiento.</p>
<div style="width: 310px" class="wp-caption alignright"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_07.jpg" alt="Taller vivencial con las Mamaicunas en Tandil 2004" width="300" height="193" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">Taller vivencial con las Mamaicunas en Tandil 2004</p></div>
<p>Otra pregunta que suele aparecer es si se trata de un grupo de personas que se reúne a «drogarse» (en el sentido peyorativo de la palabra), y la respuesta es un NO rotundo, a veces aliento a algunas personas a que busquen otras vías más sencillas y hasta económicas si es esto lo que están buscando, un «trip» o simplemente un «viaje».Otros preguntan si este camino necesita una iniciación particular para pertenecer a el, ante lo cual respondo que no, lo que si hace falta es un «llamado», las personas que se acercan a este camino no son multitudes, son solo aquellos que de una forma u otra han escuchado en sus corazones ese llamado ancestral, que resuena casi musicalmente en algún lugar de nuestro ser.</p>
<p>Mucha gente de la denominada «NEW AGE» suele acercarse diciéndome que es justamente lo que ellos buscaron durante mucho tiempo y no pudieron hallar, sin embargo suelo decirles que pertenecemos a un grupo de «OLD AGE», a una vieja era que se re significa en nuestros días.</p>
<p>El trabajo con las Mamaicunas es una coparticipación, personalmente, como las personas con quienes trabajo, solo somos al igual que el resto, partícipes, actores secundarios, o simplemente actores, ya que el guión de las sesiones y ceremonias lo escriben ellas.</p>
<p>Solo las ayudamos a realizar su tarea.</p>
<p>Las ceremonias o sesiones, pueden ser «veladas» nocturnas, donde trabajamos con nosotros, con nuestras cuestiones, nuestra historia, al reparo de la oscuridad de la noche, o encuentros a plena luz del día donde participamos de la maravilla de la creación toda.</p>
<p>Como todo ciclo unos van acompañados de los otros, pero el proceso incluye como debe ser, a los opuestos complementarios, noche y día son parte de un todo mayor.</p>
<p>Las ceremonias van acompañadas de un amoroso trabajo, en el cual los sonidos, la música y prácticas ancestrales, como el uso del tabaco de forma ceremonial, ritmos y voces se hacen presentes en un círculo que nos contiene y protege.</p>
<p>Son ecos del pasado en un presente venturoso.</p>
<div align="center"><img class="alignright" src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_08.jpg" alt="" width="250" height="181" border="1" /></div>
<p>De alguna manera que no alcanzo a explicarme los que trabajamos en ello somos los depositarios, quizá inmerecidos, de un conocimiento que se remonta más allá de 8000 años, posiblemente al origen del hombre como especie.</p>
<p>A veces la responsabilidad suele pesar, pero la mayoría de las veces es un verdadero placer participar de esta maravilla, tanto como persona, como profesional de la salud.</p>
<h2><span class="subtitulo_ros">Un camino, muchos caminos</span></h2>
<p><img class="alignleft" src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_09.jpg" alt="" width="200" height="140" border="1" hspace="0" />De hecho el camino de las Mamaicunas no queda solo circunscrito al trabajo específico de la ingesta ritual de las mismas, sino que hay una variada gama de procedimientos y trabajos que se complementan, como la cabaña de sudación o los talleres de música evocativa, el trabajo corporal, los peregrinajes a lugares sagrados o el sencillo encuentro para el festejo de los ciclos de la naturaleza.</p>
<p>Si alguien me preguntase entonces, ¿Qué es el camino de las mamaicunas exactamente? No podría responderle con meras palabras, es ante todo una EXPERIENCIA.</p>
<p>En nuestro país son todavía pocos aquellos que trabajan responsablemente en esta área, quizá por desconocimiento o por una histórica susceptibilidad a este tipo de cuestiones, pero es importante destacar que nada tiene que ver con credos, religiones o culturas, solo necesitamos sabernos humanos para participar de ello.</p>
<p>A veces escucho noticias de personas que aún con buena intención se adentran en estos terrenos irresponsablemente, ante ello solo puedo decir que por experiencia comprendo ahora lo importante de la guía en estos menesteres, ya que solos o mal acompañados podemos terminar perdidos irremediablemente en lugares desconocidos de nosotros mismos.</p>
<p>Por otro lado tengo la infinita alegría de conocer gente que se a dedicado responsablemente a estas búsquedas, tanto personales como grupales, y a quienes he alentado y aconsejado en algún momento del camino.</p>
<p>Poco a poco voy encontrando gente nueva, que con su experiencia a cuestas se va animando y despertando a la posibilidad de un trabajo comprometido con la salud y el bien estar.</p>
<p>Aún hay mucho por recorrer y de seguro no será esta la última vez que tengamos noticias los unos de los otros, el caminito siempre encierra sorpresas, como la de escribir esta nota, así de corridito, en una tarde de invierno, para una amiga y compañera de viaje, Adriana Ferreyra.</p>
<p>Salud con todos!<br />
Salud con todos!</p>
<table border="0" cellspacing="0" cellpadding="0" align="center">
<tbody>
<tr>
<td align="center" valign="bottom" width="270">
<p><div style="width: 260px" class="wp-caption aligncenter"><img src="http://www.otorongowasi.com.ar/notas/images/07miradainterior_10.jpg" alt="Taller del mes de Agosto del 2004 junto a Adriana Ferreyra y Rita Tanoni, compañeras de viaje" width="250" height="183" border="1" hspace="0" /><p class="wp-caption-text">Taller del mes de Agosto del 2004 junto a Adriana Ferreyra y Rita Tanoni, compañeras de viaje</p></div></td>
</tr>
<tr>
<td class="epigrafe" align="center"></td>
</tr>
</tbody>
</table>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Por la Wachuma mágica</title>
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		<pubDate>Wed, 15 Oct 2014 20:27:57 +0000</pubDate>
		<dc:creator><![CDATA[Otorongo Wasi]]></dc:creator>
				<category><![CDATA[Notas]]></category>
		<category><![CDATA[Notas formales]]></category>
		<category><![CDATA[wachuma]]></category>

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		<description><![CDATA[(por Xuan Pablo González) El Maestro hablaba con delirios incontrolables mientras los rituales habían cesado, invocó a las alturas para que el espectro se  esclarezca, y el cielo ha preferido entregarnos  algunas estrellas que simbolizan el buen augurio a nuestra existencia, y agrega que muchas veces el destino depende de los astros, y sus ojos le brillaban como un [&#8230;]]]></description>
				<content:encoded><![CDATA[<p>(por Xuan Pablo González)</p>
<blockquote><p><em>El Maestro hablaba con delirios incontrolables mientras </em><em>los rituales habían cesado, invocó a las alturas para que el </em><em>espectro se  esclarezca, y el cielo ha preferido entregarnos  </em><em>algunas estrellas que simbolizan el buen augurio a nuestra </em><em>existencia, y agrega que muchas veces el destino depende </em><em>de los astros, y sus ojos le brillaban como un toro en celo, e insiste </em><em>que por la Huachuma y el buen tabaco habla su boca, </em><em>y que sus palabras las ordenan los espíritus ancestrales con</em><br />
<em>alucinante, y así el poder viene de lejos y no por él.</em></p>
<p><strong>Dimas Arrieta Espinoza</strong></p></blockquote>
<p><span id="more-2450"></span></p>
<p>Pese a estar íntimamente relacionado en su química con el peyote mexicano, poco se sabe sobre este cactus sudamericano llamado en lenguas originarias <em>wachuma</em>. Que como el peyote tiene mescalina, y sabidos efectos visionarios. Pero mientras el peyote fue convocado literariamente por diversos poetas nortemericanos (Burroughs, Ginsberg, Corso), y sudamericanos (Castaneda, Riccardo, Echavarren), además de antropólogos, químicos e investigadores varios (Lewin, Mitchell, Artaud, Ellis, Furst, Benítez) la wachuma recién ahora empieza a aflorar poéticamente-modernamente, recordándonos un pasado misterioso en común.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>SAN PEDRO ABRE LAS PUERTAS DE LOS CIELOS</strong></p>
<p>    La wachuma o huachuma es un cactus chamánico sudamericano, conocido también como <em>sampedro</em> (1), porque según la tradición sincrética posinvasión-inquisición europea, se lo llamó San Pedro porque como el santo cristiano, abre las puertas de los Cielos. Esto fue una forma de preservarlo un poco de la persecución prohibicionista anti-vegetalismo-extático del catolicismo.</p>
<p>Estos cactus alargados como columnas o candelabros (<em>trichocereus</em>) fueron y son utilizados ceremonial y medicinalmente a lo largo de los Andes, desde Ecuador a la Argentina y Chile, pasando a lo largo de Perú y Bolivia.<em> Gigantón, aguacolla o wacolla, jiqara, cardo</em> y <em>cardón</em>, son otros de sus nombres tradicionales en estas tierras sudamericanas.</p>
<p>Podemos decir sin dudas que la wachuma es una de las plantas sagradas y maestras más importantes de nuestro sur, usado hoy en día exitosamente para combatir el alcoholismo y otras adicciones. Podemos también enorgullecernos de tener en tierra argenta una de las especies de estos cactus más valorada: la <em>trichocereus terschekii</em>, que además de contener la “anfetamina visionaria” mescalina, entre sus principales alcaloides como las otras especies (<em>pachanoi, peruvianis</em>, etc.), contiene además DMT o dimetiltriptamina, llamada también <em>“la molécula del espíritu”</em>, reconocida sustancia visionaria presente también en la pócima de ayawaska (más precisamente en la chakruna), y otras yerbas sagradas (willka y virola, entre ellas).</p>
<p>De la wachuma local poco se sabe, pero cada nuevo día tenemos más información. Sabemos por ejemplo que se han hallado restos de este cactus –aparentemente como ofrendas- junto a entierros indígenas sagrados, en el NOA. Sabemos también que se han hallado restos de estos cactus, en pinturas rupestres en Anacasti, provincia de Catamarca. Según parece habría restos de estos cactus <em>“en la composición de los pigmentos”,</em> a decir de la antropóloga argenta Ana María Llamazares. Todo esto indica que el cactus no sólo habría tenido una mágica inspiración visionaria, sino además una mágica inspiración para cargar con un poder “extra” a la imagen plástica del arte chamánico.</p>
<p>Pero mientras en Bolivia, Perú y Ecuador se ha mantenido o preservado la tradición de su uso, vendiéndose hoy día en los mercados de yerbas, en las calles de sus ciudades, no podemos decir lo mismo del noroeste argento, donde su uso y conocimiento prácticamente se ha extinguido, o aún está fuertemente estigmatizado.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA TRADICIÓN WACHUMERA SUDAMERICANA</strong></p>
<p>    Eduardo Calderón Palomino es un chamán mestizo peruano cuyo renombre ha trascendido las fronteras. Y entrevistado por Douglas Sharon para su libro –ya clásico- <em>El Chamán de los Cuatro Vientos</em>, dice por ejemplo que este cactus es medicinal y es un buen diurético, y que se utiliza para hacer curaciones y para brujería. También dice que <em>“El simbolismo de San Pedro es localizar en todas las regiones del territorio el pensamiento elemental y la potencialidad del hombre&#8230; San Pedro es un cacto que contiene un ingrediente que, al ser ingerido, produce la apertura del subconsciente y del sexto sentido del individuo –esto es, el sexto sentido telepático del individuo –que le permite- transportarse, sublimarse a través de la materia, el tiempo y la distancia. Uno puede transportarse espiritualmente, rápidamente, al lugar donde quiera estar, concentrándose en su objetivo… También puede añadirse misha a San Pedro para producir una mayor fuerza visual. San Pedro es una ayuda que uno utiliza para hacer el espíritu más placentero, más manejable…”</em></p>
<p>En otro libro de corte más castanediano, <em>Los Cuatro Vientos</em>, de Alberto Villoldo, el chamán de sangre india Antonio Morales Baca le dice al psicólogo cubano, en medio de los paisajes andinos, que: <em>“el cactus San Pedro es la medicina predilecta del chamán; le ayuda a penetrar el cuerpo de la Tierra, a encontrarse con la diosa madre, a ver el poder de la naturaleza cara a cara&#8230; es la planta del ritual, de la visión.”</em></p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA WACHUMA EN LA CUNA DE LAS CULTURAS ANDINAS</strong></p>
<p>    Según distintas investigaciones, la antigua cultura de Chavín de Huántar, en el norte del Perú, habría sido <em>“cuna de la cultura andina”</em> (esto se traduce como preinkaika, y más de 3000 años atrás), trayendo una serie de conocimientos espirituales –vegetalistas entre ellos- de la selva amazónica.</p>
<p>Dentro del arte que habrían dejado los chavines, encontramos múltiples referencias a la wachuma.</p>
<p>Hay por ejemplo, un jarrón en cerámica encontrado en la Galería de las Ofrendas, que como descubrió el arquitecto Carlos Milla Villena, está lleno de imágenes florales, que parecen rodajas del cactus cortadas para ser hervidas y preparadas en la infusión psicoactiva.</p>
<p>El jarrón en cuestión habría sido diseñado especialmente para contener la bebida mágica, en ceremonias-ofrendas rituales.</p>
<p>Según dice Milla en su libro <em>Génesis de la Cultura Andina</em>, los antiguos chavines habrían aprendido de los murciélagos el uso del cactus, ya que sabido es que estos seres alados noctámbulos beben del jugo de la flor del cactus, y los ingredientes del mismo ayudarían a desarrollar la orientación de “radar” que poseen los murciélagos, para volar a grandes velocidades en la oscuridad. Dicho de otra forma: <em>“en diálogo con los murciélagos nuestros hamawtas aprendieron a adquirir esta capacidad de manejar el movimiento en las tinieblas.”</em></p>
<p>En la Plaza Circular de Chavín, aparece justamente una imagen dibujada en la piedra de un chamán-hamawta en éxtasis, llevando un cactus de wachuma en su mano derecha como si fuera una antorcha, o una vara o bastón de la autoridad para entrar en los otros mundos.</p>
<p>El cabello del chamán está trenzado de serpientes, su rostro es similar al de los murciélagos, como otras figuras totémicas que se repiten en Chavín, y sus patas tienen garras de águila.</p>
<p>En otras piezas cerámicas también aparecen jaguares entre cactus de wachuma, y en otras excavaciones se encontraron cigarros que contenían polvo del cacto.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LOS VUELOS DE LOS ANTIGUOS GUAYACUNDOS Y LOS CALENDARIOS DE NAZCA</strong></p>
<p>    En su ensayo wachumero <em>El Gran Misterio de la Sierra Piurana</em>, el poeta peruano Dimas Arrieta Espinoza hace mención de los Guayacundos: <em>“los hombres cóndores que volaban con las yerbas”.</em></p>
<p>Por otra parte, Ana María Llamazares escribe en <em>Arte Chamánico: visiones del universo</em>, que no solamente hay imágenes del cactus wachuma en Chavín de Huántar, sino también en cerámicas Chimú, Moche y Nazca, en Perú, donde abundan figuras de mujeres-chamanas-lechuzas con cactos en sus manos.</p>
<p>En una antigua jarra cerámica de Nazca, hay una figura chamánica que porta la imagen de un jaguar en su frente, en cada uno de sus hombros hay un cactus de wachuma emergiendo, las espinas como estrellas, los ojos del personaje bien abiertos, su boca semisonriente, y su cuerpo lleno de caritas sonrientes y serpientes cósmicas danzando volando entre estrellas.</p>
<p>Si unimos todas estas ideas e imágenes, podemos apoyar esa teoría que dice que las conocidas líneas o dibujos de Nazca, que solo se ven claramente desde los cielos, podrían haber sido diagramadas desde el aire, por los antiguos Guayacundos, en vuelos extáticos de wachuma y otras yerbas psicoactivas (daturas, floripondio, willka, etc.).</p>
<p>Como es sabido, las líneas de Nazca representan un antiguo calendario sagrado andino, donde aparecen figuras chamánicas como el colibrí, el cóndor, y otras aves, además del zorro, la espiral, la araña, etc. marcando solsticios, equinoccios, y constelaciones bajadas del cielo.</p>
<p>Y los cactus de wachuma abundan todavía en la región de las pampas de Nazca.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA WACHUMA EN GUACHIPAS Y LOS VALLES KALCHAKÍES</strong></p>
<p>    En nuestros valles y cerros argentos, como vimos, la wachuma terschekii es bien vista y conocida como cardón. Según pude constatar, en zonas montañosas-campesinas del NOA, la tradición chamánica del cactus ha logrado preservarse muy muy secretamente, entre algunos iniciados.</p>
<p>De hecho mismo en la provincia de Catamarca, Llamazares menciona arte rupestre antiguo inspirado en la wachuma, y menciona un cactus zoomorfizado con brazos y patas. Dicho de otra forma, una suerte de hombre-chamán-animal-cactus aparece pintado en la Casa Pintada de Herrera, Motegasta.</p>
<p>Por otra parte, tras diálogos personales con Antonio Mercado, que trabajó varios años investigando y preservando el arte rupestre de los Valles Kalchakíes como director del Museo Arqueológico de Cachi, en la provincia Salta, pudimos ver que imágenes de cactus de wachuma se repiten también a lo largo de nuestros valles del NOA, en lo que antiguamente era parte del Tukma, llamado también Kollasuyu. Algunas de estas imágenes de cactus con los brazos abiertos se asemejan a otras de cóndores con las alas abiertas, en vuelo, en varios petroglifos de la zona.</p>
<p>En las cuevas pintadas de Guachipas, también en Salta, sobrevive un arte rupestre impactante e hipnótico, donde aparecen imágenes muy coloridas de personajes chamánicos que también tienen similitudes con murciélagos: son seres alados, que puede hayan surgido de la interacción dinámica imaginativa de los antiguos chamanes wachipas, con los murciélagos, en estas cuevas sagradas.</p>
<p>El cactus de wachuma -como en Chavín- posiblemente haya sido nuevamente el nexo para este diálogo multidimensional y visionario, entre murciélagos y humanos, ya que abundan todavía hoy en día, los columnares cactos en la zona de los alrededores de estas cuevas y piedras.</p>
<p style="text-align: left;" align="center"><strong>LA WACHUMA Y EL OTORONGO</strong></p>
<p>     La relación de la wachuma con los grandes felinos legendarios de nuestras tierras, parece es también milenaria, según propone Jorge Fernández Chiti en su <em>Diccionario Indígena Argentino</em>. El uso de la wachuma estaba vinculado a la transformación chamánica en pumas, jaguares y otorongos, y los antiguos chamanes heredaban de estos felinos su poder de ver en la oscuridad, como también vimos en otros casos los heredaban de los murciélagos. Además estos felinos eran -y son- animales de mucha fuerza y poder, relacionados con la noche y la luna, y asociados a la muerte ritual o simbólica, y a la entrada al submundo o Mundo de los muertos o Mundo interior.</p>
<p>Siguiendo con esta línea de pensamiento también coincide el psicólogo Juan Acevedo Peinado, del comunitario <em>Otorongo Wasi</em>, quién desde hace dos décadas se dedica al estudio el tema.</p>
<p>En charlas personales, Juan ha insistido sobre la relación de la wachuma y el otorongo: el otorongo o uturunku sería el animal arquetípico de la planta, según su visión, desde un pasado remoto chamánico en nuestra tierra sudamericana. Un pasado que se ha hecho presente. Un pasado, que como dicen los abuelos indios originarios, está delante nuestro, para darnos luz y guiarnos en estos tiempos aún oscuros.</p>
<p align="right"><strong>Xuan Pablo González</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Bibliografia</strong>:<br />
Carlos Milla Villena,<em> Génesis de la Cultura Andina</em> y <em>AYNI</em><br />
Dimas Arrieta Espinoza, <em>El Gran Misterio de la Sierra Piurana</em> (Revista Takiwasi)<br />
Douglas Sharon, <em>El Chamán de los Cuatro Vientos</em><br />
Ana María Llamazares, <em>Arte Chamánico: visiones del universo</em> (<em>El lenguaje de los dioses</em>)<br />
Jorge Fernández Chiti, <em>Diccionario Indígena Argentino</em><br />
Alberto Villoldo y Erik Jendresen, <em>Los Cuatro Vientos</em><br />
Albert Hofmann y Richard Evans Schultes, <em>Plantas de los dioses </em></p>
<p>[hr style=»1,2,3,4&#8243; margin=»40px 0px 40px 0px»]</p>
<p>1) Nota del comunitario:</p>
<p>Desde nuestra perspectiva, si bien Wachuma y San Pedro se toman muchas veces como sinónimos, esto no sería del todo correcto.</p>
<p>Como bien aclara Xuan Pablo, la voz Wachuma se reserva para la especie Echinopsis Terschekii (anteriormente llamada Trichocereus Terschekii spp).</p>
<p>El San Pedro -en cambio- es una variedad que difiere en su morfología, ubicación geográfica, efectos, y forma ceremonial de uso.</p>
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